lunes, 3 de diciembre de 2018

Puesta en práctica de las teorías de Hayek


Mientras aparecían las evidencias contrarias a las predicciones de la teoría keynesiana, el pensamiento predominante entre los economistas se vio fuertemente influído por economistas como Phelps y Friedman, influenciados muy fuertemente por las ideas de Hayek. Estos economistas enfatizaron la existencia de una tasa de desempleo "natural", la que se encuentra asociada a un nivel de producto que también puede calificarse de "natural". Estos niveles de desempleo y producto "naturales" se determinan por el conjunto de precios relativos existente en la economía, dadas ciertas condiciones de oferta y demanda en los diferentes sectores.

Resultat d'imatges de hayekA pesar de la constante confrontación de las teorías de Keynes con las de Hayek de las cuales parecía que Keynes había salido exitoso, a finales de los años 60, la verificación de un cuadro de inflación con desempleo en las principales economías industrializadas, junto con la aparición de importantes cuestionamientos conceptuales a la consistencia de la teoría keynesiana, llevaron a un progresivo retorno hacia el programa de trabajo de teoría clásica.
En efecto, la comprobación de un cuadro de inflación con desempleo evidenciaba un patrón de comportamiento de la oferta agregada diferente al supuesto por la teoría keynesiana. En estas condiciones, no era válido suponer que la inflación actuaba como elemento lubricante del sistema de precios, permitiendo realizar los ajustes necesarios en los precios relativos para llegar a un punto de pleno empleo. 
Por el contrario, la recomendación que se derivaba de esta experiencia era que la política económica debía apuntar al logro de bajas tasas de inflación.
Luego, sólo en el corto plazo sería plausible conseguir aumentos del producto y el empleo a través de un manejo expansivo de la demanda agregada, efecto que desaparece una vez que los agentes económicos logran distinguir entre los cambios del nivel general de precios y los cambios de precios relativos, y proceden a ajustar sus expectativas de inflación a las condiciones de gasto prevalecientes en la economía.
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Milton Friedman
Lo que podemos ver en la historia es que nunca se ha llevado a cabo una política económica fielmente hayekiana, si no que se han llevado a través de otros economistas como los anteriormente nombrados Friedman y Phelps.
Por ello nos centraremos en Chile, bajo la dictadura neoliberal de Agusto Pinochet, asesorada por el anteriormente mencionado economista hayekiano Milton Friedman. Este llamo a esta aplicación económica el “milagro de Chile”.
Esta política consistió a grandes rasgos en la liberalización de la economía, la aplicación de la economía de mercado, paradójicamente “a la fuerza”. En un principio se pretendía recuperar la economía del país, que venía de una trayectoria inestable políticamente por los constantes intentos de derrocar el gobierno del presidente Salvador Allende. Pero lo que se observa como resultado eventualmente, fue la acentuación de las desigualdades en el país, situando a Chile entre los países con mayor desigualdad del mundo, lugar donde a pesar de las mejoras aún se mantiene.
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Agusto Pinochet
Los puntos clave de la política económica de Pinochet se recogían en un escrito conocido como “El Ladrillo”.
Chile abrieron la economía al exterior, dejando de lado el tradicional camino del proteccionismo y afectando a los sectores económicos tradicionales chilenos, como la agricultura o el sector textil.
Se instauró un sistema de pensiones privadas que se conoció popularmente como “ahorro forzoso”. En este sistema no se pueden retirar los ahorros de jubilación hasta el día que se jubilen. Mientras, las administradoras invierten el dinero, favoreciendo la capitalización de otras empresas.
También se crearon las Instituciones de Salud Previsional destinadas a generar una alternativa privada de salud.
Pero el punto culminante de este sistema fue el educativo, donde algunos autores se refieren al modelo que se aplicó como el “Apartheid educativo”. Pues el nivel adquisitivo de las familias condicionaba de forma decisiva la educación de los hijos condenándolos a un estilo de vida u otro, no teniendo en cuenta las aptitudes o capacidades personales que puedan tener, sino el dinero o el puesto de sus progenitores.
También apoyado en Friedman, el presidente estadounidense, Ronald Reagan, implementó en la década de los 80, políticas económicas liberalizadoras de tipo hayekiano.
Estas políticas se apoyaron en 4 puntos principales: Reducir el crecimiento del gasto público, para así poder bajar los impuestos, reducir explícitamente los tipos marginales de los impuestos que gravaban el trabajo y el capital (Impuesto sobre la renta e Impuesto sobre las ganancias de capital). El tercer punto fue reducir la regulación de la actividad económica y finalmente el control de la oferta monetaria y reducir la inflación.
Mediante medidas principalmente de monetarismo y privatización el resultado obtenido fue el mismo que con Pinochet: aumentar la desigualdad, enriqueciendo más aún a los ricos y pauperizando más a los pobres.
Esto se explica debido a que la política económica de Reagan se dirigió a liberar de impuestos a las empresas prósperas y a los contribuyentes más ricos, bajo el supuesto de que eso era bueno para todos. A través de la llamada teoría del goteo, los inspiradores de ella sostenían que: parte de los beneficios de los ricos se filtraba hacia las capas pobres de la población, con lo cual todos quedaban contentos y el país se desarrollaba.
Teoría que se demostró históricamente y se sigue demostrando que no se cumple, es decir, que la riqueza no se filtra.
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La principal crítica que se hace a esta política económica ha sido el tacharla de contradictoria, pues adaptando medidas que objetivamente benefician al capitalista o inversor que ya tiene ese dinero y ese bienestar pretendía enriquecer a toda la sociedad y mejorar el bienestar y la calidad de vida de incluso las capas más bajas, en cuanto a poder adquisitivo se refiere.
Aunque Hayek como individuo no llegó a aplicar sus ideas económicas, si se llegaron a aplicar, como hemos visto, de mano de otros economistas que heredaron sus ideas en gobiernos como los anteriormente mencionados, o también en Inglaterra con el gobierno de Margaret Thatcher que no desarrollaremos por no alargar el artículo pero que resulta en esencia profundamente similar a la política económica de Ronald Reagan.



Fuentes:

Pensamiento político-económico de Keynes


John Maynard Keynes, fue un economista político con gran visión, se le considera el gran arquitecto de la macroeconomía mundial posterior a la segunda guerra mundial, Keynes creía en la capacidad de los gobiernos para resolver algunos de los mayores males generados por el capitalismo. Keynes creía que la corrupción, las políticas viscerales, y la miopía causaban las malas gestiones económicas y la debacle del progreso.

Para Keynes, la economía era la herramienta para lograr la seguridad económica para todos.  Estudió en Eton y en la Universidad de Cambridge, tenía una gran amplitud de intereses artísticos y literarios y mantuvo amistad con muchos de los artistas e intelectuales más brillantes del siglo 20. La obra más importante de Keynes, de 1936, “The general theory of employment interest and money”, en la que propuso reconsiderar las causas del desempleo, para dar nuevas soluciones a este gravísimo problema de la década de 1930  y del capitalismo en general. Pero su libro precursor, de 1930, el Tratado sobre el dinero, es a menudo considerada como más importante para el pensamiento económico. Hasta entonces, la ciencia económica analizaba sólo condiciones estáticas, esencialmente estudiando en detalle una instantánea de un proceso en rápido movimiento. En su Tratado, Keynes creó un enfoque dinámico que convirtió la ciencia económica en un estudio del flujo de ingresos y gastos, y abrió nuevas perspectivas para el análisis económico.
Antes de Keynes la economía clásica, basaba las razones del desempleo en tres pilares: primero, cuando se trasladan puestos de trabajo, se crean y destruyen puestos por decisiones de la empresa; segundo, cuando los individuos optan por no trabajar, al recibir alguna forma de subsidio; y en tercer lugar, y lo más interesante, cuando los salarios son más altos que lo que los empleadores pueden permitirse. 
Por ello, la economía clásica propone un mercado libre para corregir ese último supuesto, de forma automática, ya que la oferta de trabajo y la demanda de trabajo generarán espontáneamente un equilibrio.  Llegando a asegurar que podría acercarse al pleno empleo. Pero bajo este mismo supuesto se asegura que si una fuerza externa actúa sobre el mercado, por ejemplo, si los gobiernos establecen un salario mínimo que infla artificialmente los salarios; o si los sindicatos influyen a los trabajadores para negarse a aceptar salarios más bajos en condiciones de un mercado en retroceso, no habrá equilibrio.
Keynes se opuso a esta teoría clásica. En su análisis acerca de la década de 1930, con 3 millones de parados en Reino Unido y 15 millones en los Estados Unidos de América. Estos números eran demasiado grandes para las explicaciones clásicas. Tampoco los sindicatos tuvieron poder durante los años de la Gran depresión. Por ello, Keynes enfoca su teoría en el verdadero problema del desempleo: la ausencia de demanda.  Esta hipótesis se convirtió en la pieza clave de las teorías de Keynes.
La teoría económica clásica, había asumido que la demanda de bienes volvería por sí misma, una vez que los salarios y las necesidades de mano de obra se hubieran igualado.  Pero Keynes declaró que este proceso podría tardar demasiado tiempo y que era insuficiente que los economistas y políticos aconsejaran a la gente a aceptar tal sufrimiento en el corto y mediano plazo,  con la suposición de que al final de la tormenta volvería la calma. 
En sentido completamente inverso, Keynes propuso la pronta intervención del gobierno en la economía para romper el ciclo de la depresión económica y restaurar la prosperidad lo antes posible.
La receta tradicional ante la recesión económica, había sido que los gobiernos apoyaban al sector alimentario en busca de un impulso económico, crecimiento y empleo. Por ejemplo, si se reducían las tasas de interés, los ahorradores irían a invertir su dinero, hacia las las empresas existentes, o de nueva creación.
Sin embargo,  Keynes deja claro que cuando la demanda es tan baja dejaba de tener sentido el suministro de bienes, por tanto, las recetas tradicionales no funcionarán.  Keynes apela a la intervención del Estado para crear una demanda y generar un gran presupuesto de déficit, con el fin de crear puestos de trabajo. En la práctica, esto podría hacerse mediante el aumento de préstamos y utilizando este dinero para financiar grandes obras públicas que podrían ejecutarse con relativa rapidez. Podría tratarse de la construcción de carreteras o vías férreas o la inversión en otras infraestructuras, que no solo redundara en generar puestos de trabajo, sino que también dejarían un legado útil para la empresa privada. 
Para Keynes, los gobiernos deben ser el principal comprador de la tierra, los principales creadores de las fuentes de demanda, hasta que la demanda externa vuelva. 
Keynes criticó fuertemente el impulso inmediato de los gobiernos a solo controlar el gasto.  Los recortes en el gasto, cuando una economía está en declive, siempre empeorará el problema que está destinado a resolver.  
El gasto público estaría supliendo la deficiencia de inversión privada gracias a una reactivación de la demanda de consumo que estimularía a las empresas a invertir en bienes de capital a pesar del aumento de la tasa de interés que provoca el aumento del gasto gubernamental. Es decir, que el aumento del gasto público más que desplazar inversión privada la estaría incentivando a través de la generación de demanda de bienes de consumo.  
En consecuencia, y a diferencia del modelo neoclásico-monetarista, en esta primera presentación del modelo keynesiano la intervención del Estado es necesaria (ya sea a través de la política fiscal, de la política monetaria o de una combinación adecuada de ambas) para lograr el objetivo del pleno empleo ya que los automatismos del mercado quedan invalidados por la presencia de sindicatos en los mercados de trabajo y de monopolios en los mercados de productos. 
Para pagar los préstamos generados, Keynes desarrolla su teoría del "efecto multiplicador".  Inicialmente, mediante la creación de empleo por las obras públicas, el gobierno ahorrará parte del dinero destinado a prestaciones por desempleo.  En segundo lugar, el aumento de personas empleadas creará un consumo adicional de energía, y por lo tanto impulsará la economía y se recaudarán más impuestos.  Además, de forma indirecta, las empresas verán más oportunidades para dar servicio a los programas de Obras Públicas. Todo ello redundará en el aumento de los ingresos fiscales de las empresas, y comenzará nuevamente el ciclo de prosperidad anhelado. Esta recaudación en aumento, finalmente,  ayudará a pagar la deuda creada por el gasto inicial. A esto lo llamó el efecto multiplicador.
Keynes, partició en la delegación británica de la Conferencia de Bretton Woods, celebrada en los Estados Unidos, donde se reunieron las naciones aliadas para elaborar la política económica de la posguerra. Keynes no sólo creía que los gobiernos nacionales pudieran gestionar con éxito las economías, creía también, que era posible un sistema global de organización económica. Keynes sostuvo que, a los efectos de comercio mundial, los países deberían suscribirse a la creación de una nueva unidad de cuenta internacional estándar: el Bancor.  Requeriría transitar a través de un complejo sistema de contabilidad, para adoptar la pseudomoneda. Ésta permitiría una organización reconocida internacionalmente para imponer multas a los países, con el fin de disuadirlos de grandes déficits o grandes excedentes comerciales.  Este sistema podría ayudar a suavizar los picos y valles del comercio internacional y, no por casualidad, beneficiaría a países que como Gran Bretaña tenían bajas reservas de oro, debido al coste de la guerra. Fue una idea brillante e interesada pero que, en última instancia, no se produjo, por falta de interés de países con excedentes en ese momento, como Estados Unidos.
No obstante, otras propuestas de Keynes, como el establecimiento del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional para supervisar y fomentar el comercio mundial, fueron aceptadas, y han perfilado al mundo contemporáneo.
Estas instituciones son el testimonio de la creencia de Keynes de que la planificación económica nacional y supranacional son necesarias y posibles. 
Los siguientes 30 años posteriores a la Segunda Guerra Mundial vieron extenderse las políticas keynesianas por todo el mundo capitalista. En esta época la economía subió y disminuyó al máximo el desempleo, coincidiendo con niveles récord de crecimiento económico.  Las ideas de Keynes se convierten en la nueva ortodoxia y fueron particularmente atractivas para la izquierda política. 
Alrededor de 1970 sin embargo, en países como Estados Unidos y Reino Unido nuevos teorías fueron ganando terreno, dando paso a la especulación de bienes raíces, al mercado libre y a la reducción de la regulación de la empresa capitalista, las ideas de Keynes fueron desacreditadas, dando paso al neoliberalismo. Más, durante la crisis financiera del 2008 fue necesario reconsiderar las alternativas keynesianas ya que el neoliberalismo mostró sus terribles consecuencias, con una economía mundial en decadencia. Sin esperar a que el mercado corrigiera por sí mismo a la economía, las naciones del G20 anunciaron un paquete de estímulo económico de alrededor del 2% del producto interior bruto para estimular el crecimiento. Las ideas de Keynes deben adaptarse a las condiciones del mundo contemporáneo, pero han demostrado su plena vigencia. El keynesianismo ha derivado en algo que ahora se conoce como neokeynesianismo, adaptación de los postulados de Keynes en el contexto actual. Prueba de ello es que prestigiosos economistas trabajan hoy día en esta línea, entre ellos el economista Paul Krugman, galardonado con el Premio Nobel de Economía en 2008.
Aunque Keynes murió hace más de medio siglo, su diagnóstico de las recesiones y depresiones sigue siendo la base de la macroeconomía moderna. Keynes escribió, ‘Los hombres prácticos, que se creen libres de toda influencia intelectual, son generalmente esclavos de algún economista difunto’.



Adrián Saúl Sánchez Garda.

Fuentes consultadas:
Paul Mattick. Marx y Keynes. Los límites de la economía mixta. Ed. Era. México, 2009. 204 pp.

Biografia de John Maynard Keynes



John Maynard Keynes fue un economista inglés (Cambridge, 1883 - Firle, Sussex, 1946). Su padre, John Neville Keynes, fue economista y administrador académico en el King´s College de Cambridge. Su madre fue una de las primeras mujeres graduadas de la misma universidad, en la que Keynes ingresó en 1902. 
Perteneciente así, a una familia acomodada de alto nivel cultural, Keynes pasó por las mejores escuelas británicas de élite en Eton y Cambridge, donde estudió matemáticas, estadística y economía. En Cambridge fue influenciado por el economista Alfred Marshall, quien incitó a Keynes a cambiar sus intereses académicos hacia matemáticas y los clásicos, por la política y la economía.
Desde joven, Keynes perteneció al grupo Bloomsbury de Cambridge, un grupo de escritores y artistas, que contaba entre sus miembros con Leonard y Virginia Woolf, el pintor Duncan Grant y el crítico de arte Clive Bell. Algunos de los miembros de este grupo eran homosexuales, como el propio Keynes. 
Keynes fue un hombre de vasta cultura, un humanista erudito y de prosa exquisita, gran orador, contertulio y mecenas de intelectuales y artistas; pero también fue un hombre de mundo muy interesado por los asuntos políticos y por la economía práctica; dedicando parte de su tiempo a negocios ajenos y propios con los que llegaría a hacerse millonario. Todos sus escritos económicos fueron respuesta a problemas acuciantes de la economía de su tiempo.
Después de graduarse en 1905 y con una maestría en 1909, Keynes se convirtió en funcionario público. Trabajó en la Oficina de la India en Whitehall. Su experiencia allí fue la base de su pensamiento, plasmado en su primer trabajo importante: “Indian Currency and Finance” (1913) que consiste de un examen exhaustivo de las finanzas y la moneda India antes de la Primera Guerra Mundial. 
Posteriormente volvió a Cambridge, donde enseñó economía hasta 1915.                           
Tras el inicio de la Primera Guerra Mundial, Keynes volvió a trabajar para el gobierno, esta vez en el Tesoro, donde estudió las relaciones entre los aliados y aconsejó mecanismos para que Reino Unido pudiera conservar la baja oferta de moneda extranjera.
El desempeño en el Tesoro sin duda inclinaba a Keynes a una carrera pública. Sin embargo, al asistir a la Conferencia de la Paz de Versalles, sus aspiraciones dieron un giro.
Al acompañar al primer ministro David Lloyd George a Francia, como asesor económico, a Keynes le preocuparon las políticas económicas y las cargas pesadas que se impondrían a Alemania tras su derrota. Keynes dimitió de aquel cargo para mostrar su desacuerdo con las duras condiciones impuestas a los vencidos y argumentó que con tales condiciones, fruto de un espíritu de venganza, serían imposibles de cumplir y conducirían a la ruina económica de Alemania, con graves consecuencias para el resto del mundo -el tiempo demostraría, desgraciadamente, que sus previsiones eran acertadas-. 
Al poco tiempo, sin embargo, decide adoptar la postura activista dispuesto a transformar su angustia personal en una protesta pública. 
Durante el verano de 1919, escribió la acusación al asentamiento de Versalles, que llegó a las librerías en la Navidad, como “Las consecuencias económicas de la paz”. En este ensayo realizó un análisis económico de las estrictas reparaciones que se aplicarán a Alemania y la poca probabilidad de que las deudas se paguen alguna vez. Sin embargo en este momento no contaba con suficiente reputación y no fue considerado.
En 1909 ingresó como profesor en el King's College de Cambridge, donde enseñaría economía hasta su muerte.
La reputación de Keynes en Cambridge cambió radicalmente. Fue considerado como el estudiante más brillante de Marshall y fue junto a su colega economista A.C. Pigou, autor de importantes trabajos que explican cómo funcionaban los mercados competitivos, cómo operaban las empresas y cómo gastan los individuos sus ingresos. 
El tono de los trabajos de Keynes de la década de 1920 era escéptico, sin embargo, aún no desafiaban directamente al pensamiento económico-político tradicional. Sólo apoyaba la política pública, como el mejor de todos los arreglos sociales posibles, opinión que ya en aquél momento presagiaba la revolución teórica que desarrollaría posteriormente, en la década de 1930. 
Por otra parte, en 1925 se opuso al regreso de Gran Bretaña al patrón oro en la relación dólar-libra anterior a la guerra de $ 4.86; y, mucho antes de la Gran Depresión, Keynes expresó preocupación por el gran desempleo de los mineros del carbón, los trabajadores de los astilleros y los trabajadores textiles británicos. También apoyó el programa de obras públicas del Partido Liberal, para sacar a los desempleados de la asistencia social, colocándolos en trabajos útiles. 
La obra decisiva de Keynes “la Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero” apareció en 1936, con ella, dio una respuesta definitiva a la grave depresión económica desencadenada en todo el mundo a partir del crash de la Bolsa de Nueva York de 1929. Keynes indicó que la causa de la crisis era la insuficiencia de la demanda, debida a la creciente propensión marginal al ahorro de las sociedades desarrolladas (esto es: que a medida que aumenta la renta, es mayor la parte de ésta que se destina al ahorro y menor la que se dedica al consumo, con lo que una parte de la producción no encuentra comprador).
En su opinión, el desempleo así originado no podía remediarse únicamente con medidas monetarias. La debilidad del consumo privado sólo podía remediarse incrementando el gasto público en periodos de recesión, haciendo que el Estado incurriera en un déficit para crear demanda adicional. La importancia de los puntos de vista contenidos en aquel libro fue tal que fundó toda una rama de la teoría económica moderna, la macroeconomía, dedicada a explorar las relaciones entre los grandes agregados de la renta nacional.
En 1937 sufrió un severo ataque al corazón. Dos años más tarde, regresó a la enseñanza en Cambridge, escribió tres artículos influyentes sobre finanzas de guerra titulados “Cómo pagar por la guerra” (1940, 1972), y sirvió una vez más en el Tesoro como asesor general. También desempeñó un papel destacado en la Conferencia de Bretton Woods en 1944. Pero las instituciones que resultaron de esa conferencia, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, eran más representativas de las teorías del Tesoro de los Estados Unidos que del pensamiento de Keynes.
El prestigio alcanzado por Keynes fue tal que el rey Jorge VI le nombró barón en 1942, ingresando en la Cámara de los Lores. Al final de su vida ejerció una influencia directa sobre la política económica de su país como director del Banco de Inglaterra y asesor del ministro del Tesoro. En 1944 presidió la delegación británica en la Conferencia de Bretton Woods, donde contribuyó a dar forma al Fondo Monetario Internacional.
Su último servicio público importante fue su negociación en el otoño y principios del invierno de 1945 de un préstamo multimillonario otorgado por los Estados Unidos a Gran Bretaña. Keynes murió al año siguiente.

Adrián Saúl Sánchez Garda.
Fuentes consultadas:

domingo, 2 de diciembre de 2018

Puesta en práctica de las teorías de Keynes


Puesta en práctica de las teorías de Keynes.
En la década de los años 20 y 30, en que las teorías económicas de Keynes empezaban a ganar fama, un número de países, desesperados en encontrar una vía rápida para paliar los efectos nefastos que se hacían sentir en aquellos días sobre sus economías, debido a la Primera Guerra Mundial y al Crack de 1929, se lanzaron a la aventura de servir de aplicar por primera vez las políticas económicas keynesianas.
Debido también en parte más adelante, a las acertadas predicciones que hizo sobre Alemania y el tratado de Versalles como explica magistralmente mi compañero en entradas anteriores.
La Alemania Nazi (a partir de 1933) fue uno de los primeros países en implementar políticas keynesianas a manos del ministro Schacht.
Resultat d'imatges de schacht
Hjalmar Schacht
Alemania trazó un plan de fomento estatal de la industria privada y de la inversión en gasto público, principalmente dada por la construcción de grandes obras públicas, en especial carreteras de alta velocidad que conectarían a todo el país y en la creación, por parte del Estado, de todas las plazas de empleo que fuere posible y que el sector privado no lograba proveer, aunque el objetivo final de esta reactivación era el rearme de Alemania.
Estas medidas resultaron tremendamente exitosas, también se optó por no devaluar la moneda como estaban haciendo otra gran cantidad de países, así, sin mover un dedo, la deuda alemana se había reducido.
Demostrando el éxito de estas políticas que no hace falta una gran riqueza para reactivar la economía de una nación si se aplican las teorías de Keynes.
Sin embargo, la aplicación alemana no fue demasiado correcta, en cuanto a fidelidad a Keynes, debido entre otras cosas a que no se permitía al dinero circular libremente por el país, si no que enseguida se invertía en más producción.
Por eso nos fijaremos también en el caso estadounidense.
En el trágico contexto del Crack de 1929, el presidente Roosevelt llevó a cabo el New Deal, un plan económico basado en las ideas de Keynes con 5 puntos principales la agricultura, la industria, la sindicalización, la política monetaria y la seguridad social.
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El espíritu de la obra de Keynes se haya presente de forma palmaria en las políticas públicas del New Deal, por ejemplo, en el abandono del patrón oro, el control de las tasas de interés por parte del gobierno o en la constante la constante lucha contra el desempleo, tratando de llegar lo más cerca posible al tan ansiado concepto del pleno empleo.
Conceptos keynesianos como la inversión pública en el campo de las mejoras sociales o el darle un impulso mayor a la inversión del Estado, cuando los particulares no pueden o no desean arriesgarse son fundamentos del New Deal.
En resumen, y respecto al panorama internacional y al auge del socialismo se trataba de reformar el capitalismo logrando un capitalismo “más humano”, por ejemplo, mediante medidas de solidaridad.
Aunque las medidas del New Deal podamos considerarlas exitosas, Estados Unidos acabaría volviendo a liberalizarse pasado este periódo.
Antes de ver el último ejemplo, añadir que durante los años de guerra, Keynes fue fundamental en las negociaciones que iban a dar forma al orden económico internacional de la post-guerra. En 1944, dirigió la delegación británica en la conferencia de Bretton Woods donde jugó un papel importante en la planificación del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.
La aplicación más reciente de las teorías keynesianas la encontramos de nuevo en Estados Unidos, 2009, durante la presidencia de Barack Obama, el congreso estadounidense aprobó la Ley de Recuperación y Reinversión de EE.UU.
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Esta ley consistía en un aumento del gasto público en 787.000 millones de dólares. Según la teoría de la administración de Obama este programa “crearía o salvaría” 3,5 millones de empleos durante los próximos 2 años y evitaría que la tasa de desempleo se ubique por encima de 8,5%.
 De hecho, dijeron que con esta nueva ley de influencia claramente keynesiana el desempleo disminuiría a 7,25% para fines de 2010. No obstante, el desempleo se mantuvo en 9% o más con algunas excepciones.
En muchos casos, este estímulo no logró crear empleo, sino que lo produjo fue el desplazamiento de algunos empleos en el sector privado al sector público, pudiendo tachar esta ley de un relativo fracaso, y dejándome a mí personalmente esta pregunta como reflexión final:
¿Será que las aplicaciones de las teorías keynesianas solo son exitosas cuando se aplican a economías profundamente hundidas con el objetivo de reflotarlas?
               Resultat d'imatges de keynes



Fuentes:

sábado, 1 de diciembre de 2018

Keynes y el Tratado de Versalles


El Tratado de Versalles fue un tratado de paz que se firmó en la ciudad de Versalles al final de la Primera Guerra Mundial por más de cincuenta países. Este tratado terminó oficialmente con el estado de guerra entre la Alemania del segundo Reich y los Aliados de la Primera Guerra Mundial. Fue firmado el 28 de junio de 1919 en la Galería de los Espejos del Palacio de Versalles, exactamente cinco años después del atentado de Sarajevo en el que fue asesinado el archiduque Francisco Fernando, la causa directa de la Primera Guerra Mundial. A pesar de que el armisticio fue firmado meses antes (11 de noviembre de 1918) para poner fin a las hostilidades en el campo de batalla, se necesitaron seis meses de negociaciones en la Conferencia de Paz de París para concluir el tratado de paz. El Tratado de Versalles entró en vigor el 10 de enero de 1920.
Treaty of Versailles, English version.jpgDe las muchas disposiciones del tratado, una de las más importantes y controvertidas estipulaba que las Potencias Centrales (Alemania y sus aliados) aceptasen toda la responsabilidad moral y material de haber causado la guerra y, bajo los términos de los artículos 231-248,​ deberían desarmarse, realizar importantes concesiones territoriales a los vencedores y pagar exorbitantes indemnizaciones económicas a los Estados victoriosos. El Tratado de Versalles fue socavado tempranamente por acontecimientos posteriores a partir de 1922 y fue ampliamente violado en Alemania en los años treinta con la llegada al poder de Adolf Hitler.
Artículo 231 del Tratado de Versalles:
  • Creación de la Comisión de Reparaciones de Guerra (REPKO), cuyo monto quedaba por definir.
  •  Entrega de todos los barcos mercantes alemanes de más de 1400 Tm de desplazamiento y cesión anual de 200 000 t de nuevos barcos, para restituir toda la flota mercante perdida por los aliados durante el conflicto.
  • Entrega anual de 44 millones de t de carbón, 371 000 cabezas de ganado, la mitad de la producción química y farmacéutica, la totalidad de cables submarinos, etc., durante cinco años.
  • Expropiación de la propiedad privada alemana en los territorios y colonias perdidas.
  •  El pago de 132 000 millones de marcos de oro alemanes (para aquella época 31 400 millones de dólares, 6600 millones de libras esterlinas), lo que equivale aproximadamente a 442 000 millones de dólares estadounidenses a fecha de 2012, una suma que Alemania no podía pagar y que muchos economistas en el momento consideraron excesiva,​ ya que significaba más que las reservas internacionales de Alemania, que según muchos autores causó la posterior hiperinflación.
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John Maynard Keynes, importante economista británico, fue el responsable de una de las críticas más duras al tratado de Versalles. Las consecuencias económicas de la paz (1919) argumenta su oposición a la paz ‘impuesta’ a los alemanes tras la I Guerra Mundial, ya que ellos no tuvieron oportunidad de negociar dicha paz. El economista formó parte en las negociaciones de paz, pero tras dimitir de su puesto, intentó mostrar al mundo las consecuencias que iba a tener este tratado de paz, con la intención de que se rectificara a tiempo, y se realizara otro tratado más digno para el bando vencido.

Keynes alegaba en su libro que la paz que se había llevado a cabo no perjudicaría únicamente a Alemania sino que esta paz sería catastrófica para toda Europa. El autor entendía Europa como un todo, y decía que al intentar ahogar a Alemania, se hacía daño al futuro europeo. Era muy crítico con la postura revanchista de Francia, y con la actitud británica que tildaba de indiferente y desentendida. A lo largo del libro Keynes descalifica de diferentes formas el tratado, pero sobre todo se centra en las cláusulas económicas, ya que creía que estas inducirían al mundo hacia ‘la fase más crítica que el hombre habría conocido’. Estos puntos, según Keynes, solo buscaban el declive absoluto de Alemania, para que así no volviera a suponer una amenaza para el resto de países.

Imagen1Respecto de Woodrow Wilson, Presidente de los Estados Unidos y uno de los principales arquitectos de la paz, no tuvo empacho en llamarlo un "ciego y sordo Don Quijote". De Georges Clemenceau, el líder francés, dijo directamente que era un xenófobo. Sus insultos alcanzan un punto sublime cuando se refiere a Lloyd George, el británico, como "este bardo con pies de cabra, este visitante medio humano a nuestra era desde encantados y mágicamente embrujados bosques de la antigüedad celta".

Además, Keynes, expone que la paz debería ayudar a la reconstrucción económica de Europa, ayudar a la recuperación de los países afectados en la guerra, tranquilizar la tensión entre países, y crear un futuro esperanzador que cerrara las heridas de la guerra. Todo esto sería posible a través de la Sociedad de Naciones y también, ayudados por los catorce puntos de Wilson. Aunque en el tratado que se llevó a cabo no se vio reflejado ninguno de estos aspectos sino que, todo lo contrario, Keynes escribió este libro para abrir los ojos a las generaciones futuras.

Keynes hizo algunas siniestras profecías que, andando el tiempo, se harían realidad. Entre ellas, que la incapacidad de pagar la deuda de la guerra por parte de Alemania, sería una amenaza permanente para la paz europea. La crisis económica de postguerra que azotó a Alemania pavimentó el camino al Nazismo. En esto, Keynes fue mucho más visionario (o acaso simplemente más sensato) que los estadistas que en Versalles ganaron la guerra y se las arreglaron para perder la paz.

El libro hizo vendió la importante cantidad de 84.000 ejemplares. Keynes viviría hasta después de acabada la Segunda Guerra Mundial, y por lo tanto, llegó a ser testigo de que, en la segunda ocasión, los arquitectos de la paz se portaron de manera menos irresponsable y prepotente. De hecho, la idea de que los vencedores llevaran a cabo un abultado plan de inversiones en Europa para fortalecer sus economías e infraestructuras derruidas por la guerra y convertirlos en socios comerciales prósperos y boyantes (el Plan Marshall), en el fondo no es más que una aplicación pura y simple de las ideas keynesianas, pero a un nivel internacional.


Alejandro Rocamora Fernández.
Fuentes:

viernes, 30 de noviembre de 2018

Keynes vs Hayek

John Maynard Keynes y Friedrich Hayek. Los nombres evocan  polos opuestos del pensamiento sobre la elaboración de la política económica: Keynes suele ponerse como ejemplo de paladín de la intervención gubernamental enérgica en los mercados, mientras que Hayek está considerado el defensor del capitalismo liberal.
Lo que realmente pensaban estos hombres -sobre la economía y uno del otro- es más complicado. Ambos llegaron a la mayoría de edad intelectual en la posguerra de la Primera Guerra Mundial. Vivieron el auge económico de los años veinte y la Gran Depresión y llegaron a opiniones radicalmente distintas sobre si es sensato permitir que el capitalismo de libre mercado siga su curso.
Keynes llegó a la conclusión de que los mercados no generarían automáticamente el pleno empleo y que durante las crisis económicas podría haber largos periodos de paro a gran escala. Sostenía que el Gobierno tenía el deber de aliviar el sufrimiento de los parados aumentado la demanda agregada de bienes y servicios.
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Durante los años 20, Gran Bretaña tuvo que soportar un paro elevado de forma persistente. Los sucesivos responsables políticos, preocupados por el aumento del gasto y la disminución de los ingresos fiscales, hicieron caso omiso de los llamamientos de Keynes en favor del gasto público, con lo que desencadenaron lo que él denominaba un “círculo vicioso”.
“No hacemos nada porque no tenemos el dinero necesario”, decía Keynes en 1930 a un comité gubernamental que investigaba las causas de la crisis económica. “Pero es precisamente porque no hacemos nada por lo que no tenemos dinero”.
Al comenzar la década de 1930 la economía mundial se encontraba sumida en la crisis más profunda de su historia. La gran obra de John Maynard Keynes sobre la inestabilidad de las economías capitalistas estaba en gestación. La trayectoria intelectual que seguiría este economista se vería atravesada por una controversia que muchos han calificado como “el debate del siglo”.
Las líneas divisorias que hoy cruzan el pensamiento económico le deben mucho a ese debate. Por ejemplo, el análisis sobre el papel del Estado y la política en la gestión económica depende de manera esencial de aquella polémica.
En esencia, el paisaje del campo de batalla quedó claramente definido desde las primeras escaramuzas entre Hayek y Keynes. Por un lado, encontramos la creencia en la existencia de fuerzas estabilizadoras en los mercados. Por el otro, nos topamos con un esfuerzo analítico centrado en la inestabilidad intrínseca de las economías capitalistas. Pero nos estamos adelantando.

Hayek llegó a una conclusión muy diferente. Tras participar en la Primera Guerra Mundial, encontró su amada Viena asolada y la confianza de su pueblo destruida. Durante la década siguiente, la hiperinflación castigó la economía austriaca e hizo desaparecer los ahorros de millones de personas. Esta experiencia volvió a Hayek inflexible con quienes defendían la inflación como cura para una economía en quiebra. Y llegó a creer que quienes defendían los programas de gasto público a gran escala para acabar con el paro estaban incitando no solo una inflación incontrolable sino también a la tiranía política.
En 1928 Friedrich Hayek fue invitado a dar tres conferencias en la célebre London School of Economics (LSE). Sus anfitriones quedaron encantados. Una de las estrellas ascendentes de la LSE, Lionel Robbins, invitó a Hayek a pasar una temporada en la LSE: su plan era convertirlo en el ariete central para atacar las tesis que comenzaban a surgir del grupo cercano a Keynes en la Universidad de Cambridge.

Resultado de imagen de the economic consequences of the peaceKeynes había saltado a la fama en 1919 por su pequeño gran libro Las consecuencias económicas de la paz, en el que presentó una dura crítica al revanchista Tratado de Versalles. Keynes mostró que Alemania no soportaría las reparaciones de guerra impuestas por los vencedores y que la inestabilidad política sería uno de los resultados. En el contexto actual de la imposición de medidas de austeridad fiscal sobre los países de Europa.
El 1923 Keynes publicó su Ensayo sobre la reforma monetaria, en el que sostuvo que los cambios en la cantidad de moneda podían inducir una expansión o una contracción de la actividad económica al generar incertidumbre sobre los precios futuros. La conclusión era clara: se necesitaba una política monetaria activa para estabilizar el nivel general de precios. Pero Hayek concluyó que una política monetaria podía disfrazar tendencias inflacionarias y aquí comienza la larga e importante controversia entre Keynes y Hayek.
De ese modo quedaba trazado el frente de la batalla entre Keynes y Hayek. Pero fue un duelo caracterizado por el respeto mutuo. Keynes, por ejemplo, compartía la desconfianza de Hayek hacia el socialismo, mientras que Hayek admitía que, en caso de paro crónico, la planificación podía funcionar si no conducía a la opresión. Pero seguía siendo un duelo. En 1936, Keynes publicaba Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, que abordaba el tema de la economía tradicional y las personas como Hayek que suscribían sus principios. Entre los blancos de Keynes había varias ideas aceptadas desde hacía mucho: que los niveles de empleo están determinados por el precio de la mano de obra, que la oferta genera su propia demanda y que los ahorros se traducen automáticamente en inversión.

Keynes no esperaba que sus hallazgos condujesen a una violación de la libertad personal. En lugar de eso Keynes creía que una sociedad próspera en la que todo el mundo tuviese trabajo era la manera más segura de mantener la independencia de pensamiento y acción que consideraba garante de la verdadera democracia.

La polémica se agudizó en 1931, cuando salieron publicados dos de los más importantes libros de estos economistas: Precios y producción, de Hayek, y el Tratado sobre la moneda, de Keynes. Poco a poco se iba perfilando el duro contraste entre las posturas de los dos autores. Hayek sostenía que el incremento en el ahorro traería consigo una mayor inversión en bienes de producción. En cambio, Keynes argumentaba que un incremento en el ahorro podía traer aparejado una contracción económica si no iba acompañado de expectativas favorables a la inversión.
Para Hayek, el análisis de Keynes conducía a una de las peores herejías: el desequilibrio entre ahorro e inversión no podía ser corregido por las fuerzas del mercado. Esto significaba que no existía un mecanismo corrector capaz de rectificar las posibles disparidades en una dimensión tan importante de la economía. Para Hayek lo peor era que esa conclusión podía generalizarse a toda la economía: no habría ningún mecanismo endógeno capaz de mantener el equilibrio entre oferta y demanda.

Resultado de imagen de The Road to Serfdom El contenido teórico de la discusión se hizo cada vez más complejo y, al transcurrir los años, sólo un pequeño grupo de especialistas podía seguir de cerca los argumentos de cada grupo. En 1932 otro economista del círculo cercano a Keynes, Piero Sraffa, dio a conocer una durísima crítica a la obra de Hayek. El ataque se centró en el papel que jugaba la llamada “tasa natural de interés” en la obra del austriaco. La crítica de Sraffa sería decisiva: Hayek nunca volvió a escribir un libro de teoría económica y tampoco abrió un debate con Keynes sobre la Teoría general. Desde 1937, cuando terminó la polémica con Sraffa, Hayek se fue dedicando a un género que le sentaba muy bien, el del panegírico ideológico. El libro que lo consagró, el Camino de servidumbre, es una obra de opinión en la que todo lo que huele a intervención gubernamental es considerado un embrión de socialismo totalitario o de fascismo. Pero Keynes señaló que el fascismo no había sido el resultado de una excesiva injerencia del gobierno en la economía, sino del desempleo y la inestabilidad del capitalismo.
Hayek tuvo la ventaja de haber sobrevivido por varias décadas a Keynes. Así pudo atacar a un contrincante que no podía responderle. Durante su larga vida, Hayek mantuvo su fe en las virtudes del libre mercado y su capacidad de autorregulación. 
Durante las décadas siguientes, las ideas de Hayek y sus defensores como Milton Friedman, que sostenía que la política monetaria y no la fiscal era la principal herramienta para gestionar la economía, ganaron influencia. En opinión del autor, la influencia de Hayek quedaba reflejada en el “Contrato con Estados Unidos” de 1994, la promesa republicana de reducir el tamaño del Gobierno; en las posteriores leyes de presupuesto equilibrado del presidente Bill Clinton; y en las operaciones de la Reserva Federal mientras estuvo presidida por Greenspan.

En 2007, el mercado de las hipotecas de alto riesgo empezó a desmoronarse, lo que indicaba que  el experimento de varias décadas de duración consistente en permitir que unos mercados apenas controlados generasen crecimiento y prosperidad había fracasado. Durante los dos años siguientes se produjo un rápido regreso a las recetas keynesianas, que culminó a principios de 2009 con el programa de recuperación del presidente Obama, de 787.000 millones de dólares. Por entonces, sin embargo, la vieja lucha ideológica había resurgido. Y tras apenas un silencio de semicorchea, volvió a estallar la vieja polémica de Keynes y Hayek. Era como si los 80 años transcurridos no hubiesen pasado.


Alejandro Rocamora Fernández
Fuentes:

Keynes y Hayek frente al socialismo

El keynesianismo, y sus proyectos consecuentes como el Estado de Bienestar y el desarrollismo, dio a los dirigentes mundiales la oportun...